Un plan de continuidad eléctrica no es comprar un generador: es decidir qué debe seguir funcionando, por cuánto tiempo y con qué nivel de interrupción tolerable. Con alertas activas de racionamiento y un precio de bolsa que en julio de 2026 fue 475,6 % superior al del año anterior, ese ejercicio conviene hacerlo antes de la temporada seca, no cuando el calendario de cortes ya esté publicado.
1. Clasificar las cargas
Respaldar solo lo crítico y esencial reduce la potencia requerida y el consumo de combustible, y suele ser la diferencia entre un proyecto viable y uno sobredimensionado.
La clasificación debe salir de un levantamiento con datos reales —amperajes medidos, no solo placas— y con responsables de proceso. Es común que la suma de potencias instaladas supere con creces la demanda simultánea real: medir antes de comprar evita pagar por kilovatios que nunca se usarán.
- Críticas: seguridad, cadena de frío, procesos continuos, servidores y control.
- Esenciales: iluminación de operación, bombeo, aire comprimido.
- Diferibles: cargas administrativas y de confort que pueden apagarse durante el corte.
2. Dimensionar con margen técnico
El dimensionamiento debe considerar la potencia continua, el arranque de motores, el factor de potencia y la corrección por altura y temperatura, un punto decisivo en ciudades como Bogotá, situada a unos 2.600 msnm.
Las curvas de derrateo varían por fabricante y por tecnología de motor, pero la referencia industrial habitual es una pérdida de potencia del orden de 1 % por cada 100 m sobre el nivel del mar a partir de cierta altura de diseño, a lo que se suma la corrección por temperatura ambiente. Por eso un equipo que rinde sus kW completos a nivel del mar puede entregar notablemente menos en la sabana de Bogotá si no se especificó con ese margen.
- Defina kW útiles y conviértalos a kVA según el factor de potencia real de la planta (en Colombia es habitual especificar FP 0,8).
- Sume corrientes de arranque de motores y variadores.
- Aplique derrateo por altitud y temperatura ambiente del sitio.
- Considere N+1 cuando una falla del equipo de respaldo no sea aceptable.
3. Autonomía de combustible
Un racionamiento programado puede repetirse varios días. Calcule el consumo por hora a la carga esperada y multiplíquelo por la ventana de corte y el número de eventos previstos antes de definir capacidad de tanque y logística de reabastecimiento.
Como referencia de orden de magnitud, un grupo electrógeno diésel consume aproximadamente entre 0,25 y 0,28 litros por kWh generado trabajando al 75 % de carga, con valores menores a mayor eficiencia del equipo y valores mayores en cargas parciales bajas. La cifra exacta la entrega la curva de consumo del fabricante, pero esa banda permite estimar si el tanque existente alcanza para una ventana de ocho horas o si hace falta tanque auxiliar.
Operar de forma sostenida por debajo del 30 % de carga también tiene costo técnico: en motores diésel favorece el wet stacking —acumulación de combustible y hollín sin quemar—, que degrada el rendimiento y exige mantenimiento adicional. Un equipo bien dimensionado trabaja la mayor parte del tiempo en su rango eficiente.
- Tanque principal con dique de contención dimensionado para el volumen almacenado.
- Plan de reabastecimiento con proveedor confirmado para eventos prolongados.
- Rotación del combustible almacenado: el diésel envejece y la calidad del tanque define la confiabilidad del arranque meses después.
4. ATS o sincronismo
Un tablero de transferencia automática (ATS) detecta la falla de red, ordena el arranque del grupo y conmuta la carga en segundos. Para muchos procesos esa interrupción breve es aceptable; para otros —centros de datos, procesos continuos, salas con equipos sensibles— no lo es.
Un tablero de sincronismo va más allá: acopla el generador a la red o a otros generadores en paralelo, de modo que la transición puede hacerse sin corte y varios equipos pueden repartirse la carga. La sincronización también habilita arquitecturas N+1, donde la falla de un equipo no interrumpe el suministro.
La elección depende de cuánto le cuesta a su proceso una interrupción de segundos. Ese costo —producto perdido, reinicio de línea, datos, penalizaciones contractuales— es el número que justifica o descarta la inversión adicional.
5. Probar antes, no durante
La falla más frecuente de los sistemas de respaldo no es el motor: son las baterías de arranque descuidadas y los tableros de transferencia que nunca se ejercitaron. Un programa de pruebas periódicas con carga —la práctica internacional recomienda ejercitar los equipos mensualmente— es la forma más barata de descubrir el problema cuando todavía no cuesta nada.
- Pruebas con carga real y registro de resultados, no solo arranques en vacío.
- Mantenimiento preventivo de motor, alternador, baterías y tablero.
- Revisión de conexiones, puesta a tierra y protecciones.
- Definición de responsables y protocolo de operación durante el corte.
6. Qué exige la norma colombiana
El RETIE trata las plantas eléctricas de emergencia hasta 1.000 kW como producto sujeto a requisitos adaptados de la serie ISO 8528-1 a ISO 8528-8, con independencia del combustible que utilicen. Esto no es un trámite: define qué puede instalarse legalmente y qué debe exigirse al proveedor.
Entre los requisitos figura que el equipo entregue la potencia correspondiente al derrateo por altura a la frecuencia nominal, que cuente con protecciones contra sobrevelocidad y sobrecorriente, y que los grupos de más de 30 kW dispongan de medición de tensión, corriente y frecuencia.
- Marcación obligatoria con altitud de diseño cuando supera los 1.000 msnm, grado IP o NEMA y factor de potencia.
- Placa con potencia nominal, potencia stand-by o prime, tensión, corriente, velocidad y frecuencia nominales.
- Medios de protección contra choque eléctrico y puesta a tierra correspondiente.
- Instalación eléctrica asociada conforme a la NTC 2050 y al RETIE vigente.
7. Elegir bien la clase de potencia
Las normas de diseño de las empresas de distribución en Colombia clasifican los grupos electrógenos por régimen de servicio, y confundir esas clases es una causa frecuente de equipos mal especificados: potencia continua (COP), potencia prime (PRP), potencia por tiempo limitado (LTP) y potencia de emergencia (ESP).
Un equipo vendido con placa de emergencia no está pensado para operar largas jornadas como fuente principal. Si la planta prevé sostener producción durante ventanas de racionamiento repetidas, la especificación correcta es prime o continua, no stand-by.
8. Arranque de motores: el cálculo que más sorprende
El dimensionamiento no lo define la carga en régimen, sino el peor transitorio. Las normas de diseño locales publican tablas de códigos NEMA de kVA/hp de arranque para motores trifásicos y monofásicos, precisamente porque ese pico determina la caída de tensión admisible y, con ella, el tamaño del generador.
Cuando el sitio combina altura sobre el nivel del mar, temperatura ambiente alta y motores de arranque directo, el margen exigido puede superar con holgura la potencia sumada de las placas. Conviene resolverlo en cálculo, no en obra.
9. Comprar, alquilar o combinar
Ante una temporada de riesgo acotada, el alquiler de grupos electrógenos permite cubrir la ventana crítica sin inmovilizar capital ni asumir el mantenimiento: el proveedor entrega el equipo, lo instala, lo opera si se requiere y lo retira cuando pasa la contingencia. Es la modalidad que POWERTEC documenta en operaciones como la Alianza Casabe, donde la generación en renta acompaña más de 100 facilidades desde 2012.
Para respaldo permanente, la compra tiene sentido cuando el proceso lo amerita todo el año. Muchas operaciones combinan ambas: un equipo propio para las cargas críticas y unidades en alquiler para reforzar durante los meses de alerta declarada.
10. El costo de no tener plan
El precio de bolsa de julio de 2026 —797,7 COP/kWh en promedio, con picos muy superiores en horas críticas— muestra que la escasez se paga aunque no haya corte físico. A eso se suma el costo directo de una parada no programada: producto en proceso perdido, reinicio de línea, incumplimiento de entregas y, en sectores regulados, penalizaciones.
Frente a eso, el plan de continuidad se evalúa como cualquier seguro operativo: la inversión en respaldo se compara con el costo esperado de la interrupción, no con el precio de lista de un generador. Cuando el análisis se hace así, la decisión suele tomarse sola.













